Catálogo 

He aquí un seminario en 1996, nunca antes publicado, ni siquiera en francés, lengua en la que fué pronunciado. Aquel año, me había parecido urgente, no sólo reconstruir con precisión el recorrido que permitió a Lacan plantear -entre 1959 y 1963- un objeto totalemnte distinto del que había fundado desde el estadio del espejo, sino tambíen apelar anotros saberes diferentes del psicoanalítico para aclarar la consistencia muy especial del objeto a.

¿Aún teniendo el mismo “objeto”, Lacan y Freud habrían puesto en funcionamiento sistemas epistémicos diferentes?

Es la pregunta que se plantea este libro. En él se pone de relieve el anclaje de Freud en la corriente de la epísteme clásica, señalando que en el momento de pensar la naturaleza del lazo (con Totem y Tabú) Freud se encontró en ese punto con Newton: ambos se apoyan en la misma figura lógica de un origen del que procede el lazo.

Cuando el éter electromagnético (última figura del “Lord” newtoniano) se derrurnbó, con la aparición de la relatividad general de Einstein, un nuevo espacio de pensamiento quedó abierto. En esa brecha, Lacan pudo erigir un padre que ya no era el reflejo de un padre originario.

Desde ese momento el lazo se piensa sin ninguna preocupación por el origen. No es que éste se haya perdido (siempre lo estuvo) pero desde que revela no ser ya necesario en el orden del saber, podemos apreciar mejor el obstaculo que genera para quien lo postula. La historia como ref...

 

El analista nunca había visto el más mínimo inconveniente en que le contaran y le volvieran a contar historias, hasta la saciedad. No podía no acordar una atención muy especial a aquellas innumerables historias que le reservaban. Más eso se repetía, menos lo enojaba.

Todo habría estado como a pedir de boca si, enfrente de ese flujo de palabras, no le habría surgido como desde la grasa del sillón, esta pregunta abisal que retornaba en contadas ocasiones: ¿qué relación entre esas palabras y la “teoría”? ¿Qué relación entre esta serie interminable de nociones, de conceptos, de textos entrelazados, esta lujuriante terminología cruzada con efectos de moda, en resumen, qué de todo eso que intercambia a lo largo de sus reuniones el pueblo de los analistas?

La respuesta era casi siempre la misma: no parecía haber existido ni tan siquiera una relación. Y cuando, como sorpresa, ocurría que tal palabra de un analizante se presentaba como la idónea ilustración de yo no sé qué verdad muy psicoanalít...

 

 

El momento histórico de la lucha iconoclasta y de la "gran querella" que en el año 726 inició un emperador bizantino tiene como eje discursivo la cuestión de las imágenes. 
Este mojón histórico lleva a Guy Le Gaufey a una re-lectura del estadio del espejo tal como Lacan lo formulara. En ese recorrido irá desplegando un importante abanico de abordajes de la imagen desde la psicofisiología (Wallon) hasta problemas de alta metafísica (Husserl) relativos a la representación como tal. La posición triunfante de la representación hizo que Freud la utilizara sin demasiados problemas para desplegar con esa categoría la novedad del inconsciente. El autor analiza el precio pagado por Freud y de qué modo la llegada de Lacan produce un vuelco en el uso de la representación y en el modo en que esta se distingue de la imagen especular. 

 

 

"El analista no se autoriza más que por él mismo", tal fue el veredicto de Lacan sobre la muy delicada cuestión de la autorización. ¡Incomprensión y escándalo garantizados! sin embargo, en esta distancia gramatical discreta, entre "analista" y "él mismo" [él mismo" que algunos confunden en nuestro medio con "si mismo"]subyace tal vez la fuente inagotable de la transferencia, puesta así en relación, por la sola virtud de esta noción de "autorización", con la determinación central de lapersona ficticia en los textos de Hobbes. De ahi la idea de hacer una investigación sobre la tercera persona.

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© 2015 Editorial Psicoanalítica de la Letra

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