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ANATOMÍA DE LA TERCERA PERSONA

El analista no se autoriza más que por él mismo", tal fue el vere-

dicto de Lacan sobre la muy delicada cuestión de la autorización. ¡In-

comprensión y escándalo garantizados! Sin embargo, en esta distancia

gramatical discreta entre "analista" y "él mismo" ["él mismo" que al-

gunos confunden en nuestro medio con "sí mismo"] subyace tal vez la

fuente inagotable de la transferencia, puesta así en relación, por la sola

virtud de esta noción de "autorización", con la determinación central

de la persona ficticia en los textos de Hobbes. De ahí la idea de hacer

una investigación sobre la tercera persona, tanto en el nivel de la cons-

titución del Estado moderno como en la "irreductible ambigüedad"

(Lacan dixit) de la transferencia. Pues entre el "él" de la expresión "él

dijo" [il a dit, en francés] y el "él" [tácito en español] de "llueve" [il

pleut, en francés], en las fronteras de la persecución y del destino, el

psicoanalista y el Estado desarrollan estrategias incompatibles, que los

vuelven sordos el uno al otro. ¿Por qué?

ANATOMÍA DE LA TERCERA PERSONA

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    © 2015 Editorial Psicoanalítica de la Letra

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