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Autor: Guy Le Gayfey

 

 

El analista nunca había visto el más mínimo inconveniente en que le contaran y le volvieran a contar historias, hasta la saciedad. No podía no acordar una atención muy especial a aquellas historias que le traían a colación repetidamente. Cuanto más se repetía aquello, menos se aburría. Todo habría estado como a pedir de boca si no le hubiese surgido, frente a ese flujo de palabras, esa pregunta abisal que retornaba en contadas ocasiones: ¿qué relación existía entre esas palabras y la "teoría? ¿Qué relación había entre esa serie interminable de nociones, de conceptos, de textos enrtrelazados, esa lujuriante terminología  cruzada con efectos de moda, en resumen, qué pasaba con todo eso que se intercambiaba a lo largo de sus reuniones en el pueblo de los analistas? La respuesta era casi siempre la misma: no parecía haber existido la más miníma relación. Cuando, como sorpresa, ocurría que tal palabra de un analizante se presentaba como la idónea ilustración de yo no sé qué verdad muy psicoanalítica, pasada la breve satisfacción de aquél que, despistado delante de un cuadro de pretensiones no figurativas, exclamaría alegremente: “¡Aquí, aquí, una manzana! La reconozco, es una manzana”; cuando eso ocurría, no podía hacer otra cosa que caer en una especie de rabia y exclamar: No, no y no, eso no daba forma a una “relación”. Allí ardía Troya, allí venía al caso, el caso que no era un caso, el caso inexistente, para sacar algún partido: sabía lo que todos sabían, el analista incluido en esta lista, y parecían dispuestos a ignorar. Sabía que la sobreabundancia de “relaciones” de toda clase y naturaleza no le hacía ninguna mella a esa ausencia abrupta y fría, pero también, a veces, viva y calurosa, de cualquier lazo, ausencia que lograba no cerrarse sobre ella misma para mirarse, para contemplarse. Es decir, que incluía un rechazo tónico de la reflexividad. Un noli me tangere que llegaría hasta olvidarse de él mismo. Que ignoraría qué es ese “él mismo”.

EL CASO INEXISTENTE

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