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Sustancias del imaginario

 

El imaginario es poco considerado en nuestros días: lugar de la ilusión, de la falsedad, del engaño que extravía al sujeto en su búsqueda de la verdad. Este enfoque proviene de un análisis dominado por la sociología. El imaginario sería simplemente la imagen, sin que se prejuzgue sobre lo que ésta es. 
Así, se descuida el ternario lacaniano que articula de manera borromea imaginario, simbólico y real. Contra todo prejuicio peyorativo, Lacan establecía la equivalencia de las tres consistencias. 
Este libro se propone como ubicación de un momento particular de la experiencia lacaniana del imaginario, momento de crisis de la concepción original que Lacan introdujo en el campo freudiano con el estadio del espejo. George-Henri Melenotte estudia ese momento de viraje, con el despliegue de las salidas que Lacan intentó encontrarle. 
Se le propone al lector un recorrido en zigzag. El abordaje del imaginario pasa por el consumo de las sustancias, con demasiada frecuencia calificado como toxicomanía. Michaux, Foucault, Witkin se codean así con Freud y Lacan. Igualmente, Parmiggiani et Orlan son etapas de ese recorrido. Éste se cierra con un retorno a ciertos textos de Lacan sobre el estadio del espejo. Tras la invención del objeto (a), no solamente el esquema óptico desaparece progresivamente del horizonte, sino también las cualidades de la imagen. La fijeza deja su lugar a una imagen fluctuante cuya movilidad puede ir hasta formas extremas, e incluso imprevistas (el animal o el monstruo). En cuanto al Urbild, que le da a la imagen su valor de archivo, simplemente desaparece, con lo que paga su cuenta a la herencia junguiana, a la persistencia de la imago.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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